martes, 15 de mayo de 2007

LO QUE DIJO

Autor: Ana Maugeri

Y sí, al final pudimos encontrarnos, para mí era algo especial, bueno, en realidad él había sido algo especial en mi vida, había sido como un aire fresco, qué digo, había sido un pulmotor, pero yo no quería que hablara, prefería encontrarme con él y pasar a los bifes, no se crean que esto me pasa con todos los hombres, no, con él era así, qué sé yo, mucha piel, mucha excitación, no me alcanzaban los protectores femeninos, sí, vieron esas toallitas que usamos las minas, cada día las hacen más delgadas, no sé por qué, debe ser que las pendejas se calientan menos, o capaz que cuando se calientan no se mojan, bueno yo con él me mojaba de solo pensarlo, entonces cada vez que nos encontrábamos yo quería revolcarme y que no hablara. Pero hete aquí, que el sujeto masculino en cuestión, él, sí quería hablar, me quería decir algo y yo dije, masí, si querés hablar hablá, ¿saben lo que me dijo?, no, no pueden ni imaginar lo que me dijo, yo no lo podía creer, cuando escuché lo que me dijo sentí una cosa, no sé, hay gente que cuando va a decir algo, como lo que él me dijo, lo prepara al otro, lo va introduciendo de a poco, qué sé yo, hace como un preámbulo para que no sea tan, cómo decirlo, ustedes me entienden ¿no?, pero él no, él es de esos ejemplares que no saben mucho del trato con el semejante y menos con las mujeres, hablando quiero decir, porque haciendo el amor, se los recomiendo, sí, es como una de esas recetas que preparamos muy especialmente con todos los ingredientes para servir el manjar de los manjares, el tipo es así, pone todo sobre la mesa, todo lo que va a usar y empieza a elegir qué va primero, con qué mezclar eso, cómo pasar al otro sabor, cómo hacer que se estire hasta llegar a punto o al punto, no sé a dónde pero yo llego siempre, me acuerdo, hace tantos años, cuando una debutaba, las amigas excitadísimas te preguntaban ¿llegaste?, ninguna sabíamos que el lugar de llegada se llamaba "orgasmo", parecía más un viaje en tren que una relación sexual y pobre de las que no llegaban, bueno pero yo con él no me pierdo nunca, siempre sabe en qué lugar y en qué momento debo llegar, pero de hablar ni hablemos, él es como esas bestias que andan dando vueltas por el mundo sin saber casi nada de lo que pasa en el mundo. El es así, por eso yo no quería que hablase, porque sabía que si hablaba, yo iba a dejar de mojarme y no es que yo tenga una empresa de toallitas femeninas, pero quién renuncia a eso, a mojarse digo, pero cuando lo escuché decir lo que me dijo, pensé esta sensación ya la tuve, esto yo lo viví y mientras él seguía armando frases, yo y mi todavía intacta memoria, buscaba esa sensación en mis recuerdos y encontré cada cosa, uy, ustedes no se imaginan lo que encontré, miren por ejemplo, encontré la madrugada que siendo niña, descubrí a mi vieja caminando en cuatro patas, dejando regalos arriba de mis zapatitos en un enero tórrido, también me vi en el espejo de mi fiesta de quince descubriendo que no era la más linda, encontré mis lágrimas el día en que vi en un diario la foto del hombre nuevo asesinado por los viejos de siempre. También encontré la tarde que dejé en sábanas ajenas, el tesoro que no debía entregar, la noche en que cerré una puerta familiar pensando que me podía comer el mundo. Encontré el silencio empedernido que dejó la muerte de mi padre, y también el momento en que mi hija me dijo "yo no quiero ser igual a vos", vi mis ojos asombrados cuando mi cuerpo de mujer no lograba transgredir la ley de gravedad, me vi salir del gimnasio, de la masajista, de la cosmetóloga, me vi retroceder ante la puerta del cirujano plástico y tantas otras cosas vi, que creí ser Borges y su Aleph. Y él seguía hablando y hablando, mientras yo empezaba a secarme, y no es que lo que me dijo yo no lo hubiera pensado, en realidad lo pensé, pero como se piensan las cosas que no se quieren reconocer. Porque para qué me iba a dar por enterada, yo lo prefería mudo y usando las manos, antes que escucharlo decir lo que me dijo. Porque lo que dijo fue, miren, pensándolo bien, hay frases que mejor no repetirlas.
FIN

Contacto: Ana Maugeri anamaugeri@ciudad.com.ar
DNDA Nº 145708